CONSEJOS A LOS AGRICULTORES

Consejos del Tío Clamores

a los labradores

 

La transcripción procede de fundir dos versiones que copió (¿de memoria?) la señora Carmen Riesco Riesco, que en paz descanse. Una versión está en manos de su nieta Carmen, la otra fue facilitada generosamente a PRCh por la propia señora, que gozaba de prodigiosa memoria. 

Quizás el autor de los consejos del tío Clamores sea Juan Francisco García, de Rollán: veáse Centro de Estudios Salmantinos, Hoja Folklórica69. Dado que aparece citada la Reina (la regente María Cristina de Habsburgo-Lorena), la composición ha de ser anterior a 1902, fecha en que accedió al trono Alfonso XIII.

 

De esta villa de Rollán y demás pueblos cercanos,

como son de Porqueriza, de Garcigrande y de Sagos,

de Cojos y de Golpejas y de Canillas de Abajo,

Las Navas y Quejigal, de Calzada y del Tejado,

de Pozos y Barbadillo, de Galindo y Pericalvo,

de Villar de Peralonso, de Villarmayor y Sando…Pueblos y alquerías en su mayoría pertenecientes a la llamada Armuña Chica.

pero no crean ustedes que yo soy un hombre sabio

cual Calderón o Quevedo u otros escritores varios

-que las historias nos hablan de sus talentos preclaros-:

soy hijo de labrador, y la experiencia he tomado

porque desde pequeñito salí con mi padre al campo

donde me daba instrucciones de lo que era bueno y malo

y yo tengo buen quinqué y comprendo los sembrados

desde el día en que ellos nacen hasta que van a segarlos

y aun siendo un poco después [aún] cuando estén ya limpiados,

como luego lo diré en uno de mis adagios.

La agricultura, señores, se encuentra en tan mal estado

que hoy día los labradores se hallan ya tan agobiados

que aquél que hace de patatas la provisión para el año

ya no se llamará rico, que se cuenta millonario.

La agricultura está enferma; tiene dos enfermedades:

las rentas son muy crecidas, las contribuciones grandes.

mas estas enfermedades ambas se pueden curar:

con rebajar las dos cosas, el labrador vivirá.

Propietarios de las desas y yugadas del lugar:

como no bajéis las rentas, las tierras podréis labrar,

pues habrá muchos colonos que, aunque quieran, no podrán,

que la cosa está mediana – no digo mediana, mal,

la tierra produce poco, la causa no hay que dudarlo,

pues agobiado el colono con tan escasos pagos,

le es imposible abonarla aquello que es necesario.

Si el abono y mineral dieran buenos resultados,

puede ser que el labrador se aliviara en algún tanto.Los versos que siguen hacen referencia a la introducción de los abonos minerales en la agricultura de secano. En La Armuña, los abonos minerales llegan entre 1900 y 1910 (Cabo Alonso, 1955).

Y me parece que sí, sobre todo con el de Haro

de Francés y compañía –porque es el que he experimentado-.

Fue echado en una tierra en la que ya había de carro: Es decir, estiércol tradicional, producido en los corrales, boyiles y cuadras, y madurado luego en los muladares.

siendo estiércol regular, el mineral lo ha igualado.

Azvierto a los fabricantes de que el precio es algo caro:

para abonar una huebra se necesitan tres sacos,

por lo menos, dos y medio, y si no, queda muy ralo

-no sirve engañar la tierra, que el engañado es el amo-,

esto cuesta ochenta reales a treinta y dos reales saco,

pues con los ochenta reales hay para comprar tres carros

de estiércol, que ya sabemos que abona para más años,

y el mineral no nos costa si será para uno o para varios.

Pues como no lo sabemos, casi lo desconfiamos:

su precio debería ser a treinta reales saco

porque éstos son muy pequeños y yo mismo los he sembrado

y si se descuida uno y carga un poco la mano,

en muy poquito terreno, treinta y dos reales tirados;

… sin interés ni pasión, porque bajo mi conciencia

no dejo de conocer que hacen producir la tierra

tanto el mineral de Arteche, de Francés y Fuentepiedra,

pero que se le eche poco, porque éste muy caro cuesta.

Con poco que brilla el viento el día que se hace la siembra,

con tender sólo la vista, se conocen las emelgas:

y no es la emelga del grano, es la emelga de la esencia,

porque como no está unida, se aparta ésta de la mezcla.A diferencia del estiércol o abono orgánico, que arropaba el grano.

Pues siquiera así fuera el conseguir el rebajo del cuatro

por ciento en todo, otra cosa sería ya,

pues me hacen doce tres cuartos

y poco a poco se iría reconociendo el rebajo

y nuestro Estado sería de otros reinos envidiado.

Nosotros cogemos trigo, para el país necesario,

garbanzos, carne, tocino y toda clase de granos,

vino, aguardiente, vinagre, aceites y demás caldos,

Señor Ministro de Hacienda, tenga Vuecencia cuidado

de mirar la agricultura, el primero de los ramos:

perdida la agricultura, perdido el género humano,

de ella pende el industrial, el comercio y el ciudadano,

desde la clase más alta hasta el más mínimo estado;

pues si el labrador se encuentra un poquito desahogado,

todo el año proporciona al jornalero trabajo,

como no lo puede hacer cuando se encuentra apurado;

no quiere más que entender cuándo le llegan sus pagos,

y más si viene Juanito, el recaudador, tocando,

que al poner suelto el reloj deja el pueblo atormentado;

y el pregonero, el pregón, por si alguno se ha olvidado

de acudir al consistorio a depositar los cuartos

-esto es por Territorial; por los consumos, Gonzalo,

pues como se hace en mi pueblo creo será en todos los lados-.

Conque, amigos labradores, concluiré aquí mi relato,

pues según yo lo he pedido quiera Dios lo conozcamos;

y al Gobierno, cuya vida Dios le guarde muchos años:

pongan un término medio para que todos vivamos,

pero no pagas tan largas que arruinan a la nación para ver de soportarlas,

pues la mayor parte viene al Territorial cargadas

y el pobre del labrador, sea en bueno o sea en mal año,

a esto no puede faltar y, si no, viene el embargo.

Que yo no puedo hacer más: otro podrá hablar más alto,

pero más claro, ninguno, según mis alcances bajos.

Mis súplicas sean oídas ante el trono poderoso

de su Majestaz la Reina y de su hijo Don Alfonso,

y ahora perdonad mis yerros, que no soy ningún letrado,

defiendo la agricultura porque en ella me he criado.

Pascual RIESCO CHUECA (2003) Calzada de Valdunciel. Palabras, cosas y memorias de un pueblo de Salamanca, 346 páginas. 24 x 17 cm. Rústica. ISBN: 84-7797-209-5, ediciones Diputación de Salamanca.

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